La oportunidad para construir está ahí

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Los últimos días han sido caracterizados por una serie de quejas y reclamos respecto a la presencia (o falta de) por parte de Valve en la escena competitiva de Dota 2. Es verdad que, a comparación de Riot, Valve ha tenido un acercamiento a este tema que oscila entre lo laxo y lo perezoso. Sin embargo, una de las opiniones más interesantes en el tema la puso el siempre controvertido PPD, moviendo por un instante el reflector de Valve hacia los propios jugadores.

Y es que, para el capitán histórico de Evil Geniuses, Valve no es el único responsable del desarrollo de la escena competitiva de Dota. Según él también tienen una responsabilidad compartida todos los jugadores top de la escena. En la siguiente cadena de tweets, Peter explica su posición.

Tweets PPD

El poder en Dota pertenece primero a Valve y luego a los jugadores. Valve tiene otros intereses además de Dota. La oportunidad para construir está ahí, pero los jugadores top prefieren centrarse en ellos mismos y en sus equipos.

Varios jugadores en otros esports invierten su tiempo y dinero en construir organizaciones de esports como una forma de hacer crecer su negocio en otros esports y monetizar su marca. Casi no hemos discutido cómo construir en base al momentum que Dota ha generado a lo largo de los años.

No hay una discusión sobre cómo atraer nuevas audiencias y no hay una discusión sobre cómo mejorar el producto actual (el DPC) por parte de figuras influyentes.

Es fácil señalar a Valve y decir “haz esto” o “haz eso”, pero en realidad nosotros (los jugadores que solemos competir en The International) tuvimos la portunidad de construir un producto fuera del International pero tomamos el camino fácil.

Elegimos el salario y el dinero de los premios de parte de terceros (equipos y organizadores de torneos) en lugar de construir algo nuestro para Dota.

Los grupos que no tienen nada fuera del Dota deberían estar invirtiendo en hacerlo crecer. No dejárselo a organizadores y equipos que se irán sin problemas cuando Dota eventualmente desaparezca.”

El mensaje es claro y es un evidente llamado de atención a la forma en que los jugadores han desarrollado su carrera profesional. Sin embargo, hay que señalar algo: no solo esta responsabilidad individual no limpia de culpa a Valve, sino que más bien se origina en primer lugar debido a ellos. Lo de PPD es más bien un llamado a la autogestión como respuesta al evidente facilismo de Valve.

¿Tienen los jugadores realmente el poder para construir una escena saludable? Revisemos unas cuantas estadísticas para pintarnos mejor el panorama. De acuerdo a las estadísticas de esportsearnings.com, 37 de los 40 jugadores de esports con más ingresos por premios pertenecen a la escena de Dota 2. Completan dicha lista Bugha, Aqua y psalm, jugadores de Fortnite. Esportsearnings cuenta en total 107 jugadores de Dota 2 que han obtenido más de 500 000 dólares en premios y 64 que superan el millón. Ojo que esto no cuenta los salarios que perciben dichos jugadores

¿De dónde viene todo este dinero, que parece empequeñecer a esports tan populares como League of Legends o Fortnite? ¿Cómo es que se puede reconciliar esta situación con la imagen de una escena abandonada y moribunda que actualmente tenemos? Es que, en realidad, ambas situaciones tienen el mismo origen: la obsesión de Valve por inyectar cada vez más dinero a The International. Que un gran torneo anual tenga un prize pool que es casi 5 veces superior a todos los demás torneos de la temporada combinados es la causa fundamental de esta aparente contradicción.

Al momento de escribir esta pieza, The International 10 acumula US$ 36 457 837 de pozo (y cada vez que aprieto F5 cambian las últimas cuatro cifras del número). En comparación, la temporada 2019-2020 del Dota Pro Circuit proyectaba una inyección de US$ 3 250 000 por parte de Valve para conseguir en total US$ 6 500 000 en pozos entre 5 Minors y 5 Majors (de las cuales solo terminamos teniendo 3 Minors y 2 Majors). Los 18 equipos que lograron participar de The International 9 tuvieron un privilegio increíble a comparación de los que se quedaron: con solo evitar el último lugar de sus grupos ya tienen asegurados medio millón de dólares para dividir entre sus jugadores y reinvertir en la propia organización. OG, campeón del torneo, se llevó a casa más de 15 millones de dólares, que se suman a los más de 11 millones que obtuvieron el año pasado.

En épocas en las que Dota era considerado un hobby y los esports una novedad sin mayor proyección, la perspectiva de un Mundial que te podía cambiar la vida sin duda era atractiva. Es un hecho que, durante los primeros Internationals, Valve se benefició de esta narrativa y construyó alrededor de ella el sistema de Battle Pass para aumentar el pozo de premios del torneo. Sin embargo, ya no estamos 2012 o 2014. Casi 10 años después, los esports son una industria en pleno proceso de maduración. Los fanáticos enamoradizos han sido reemplazados por representantes de marcas e inversionistas. Con ellos, la historia de cinco adolescentes que son millonarios de la noche a la mañana ya no cuela. La escena ha crecido mucho más allá de eso y, si quiere sobrevivir, necesita construir algo mucho más consistente y duradero.

Es ahí donde los tweets de PPD entran en contexto. Ante la repetida negativa de Valve a sentarse a discutir estructuras alternativas para el Dota Pro Circuit, Peter insta a los jugadores a pensar en alternativas. Es cierto que, ahora mismo, Valve tiene otros intereses. La explosión de Steam les permite recibir un flujo constante de dinero que no se ve amenazado en el futuro próximo. Con ello, la desarrolladora parece dedicarse a experimentar con nuevos géneros y formatos. Artifact, Underlords, Alyx: parece que Valve está más dispuesto a dedicarse a este tipo de experimentos (con resultados diversos) que a mantener sus esports existentes. E, igualmente, ni organizaciones de esports ni organizadores de torneos tienen ningún vínculo real con Dota. Mañana pueden decidir que no les conviene invertir en la escena de Dota 2 y mover sus recursos a otro esport. ¿Qué ocurrirá entonces?

Hoy por hoy hay que tener claro que solo hay dos grupos que tienen un interés real en el Dota competitivo: los jugadores profesionales y los aficionados. Depende de ellos (nosotros) que este juego se convierta realmente en un deporte sostenible. Y si hay una escena de esports en la cual sea posible que los propios jugadores inviertan en su desarrollo es la de Dota 2. En ninguna otra encontramos jugadores que, después de un torneo, cuenten cinco o seis ceros en sus cuentas bancarias. Si los jugadores realmente están comprometidos con la escena, debe estar entre sus prioridades reinvertir tiempo y recursos en construir instituciones que perduren.

Dota 2 tiene como ejemplos de organizaciones construidas por los jugadores a OG y Team Secret. Dos de los equipos top de Europa fueron inicialmente formados por sus propios jugadores, lo cual es en realidad loable. Sin embargo, el modelo no se ha replicado y en los últimos años no hemos visto iniciativas similares. Y es que, en última instancia, la razón para esto radica nuevamente en The International. El incentivo para prepararte para este torneo es tanto que termina absorbiendo por completo la atención de los jugadores. Esto les impide dedicarse a otras actividades que le permitan construir una marca personal.

Esto es particularmente importante pues, en otros deportes, vemos jugadores que se dedican a actividades extradeportivas casi como una obligación. Jugadores que streamean con sus equipos, en sus propios canales, que hacen activaciones, que se dedican a construir un público. Los ejemplos de jugadores y equipos que dedican su tiempo a eso en Dota 2 son escasos. Incluso cuando vemos el claro ejemplo de jugadores como AdmiralBulldog o Dendi, que consiguen seguir siendo relevantes en la escena pese a que sus años dorados competitivamente hablando ya han sido dejados atrás.

Y en realidad esta actitud pone en funcionamiento un círculo virtuoso. Mientras más jugadores se tomen la molestia de interactuar con los fans, mayor será la conexión que generen y mayor será el enganche con el que puedan ganar nuevas audiencias. Tener equipos y organizaciones que construyan comunidad es el camino hacia la sostenibilidad de Dota 2 como esport. Mientras no se consiga eso, el juego estará a la merced de los designios de Valve al respecto. Y, si un día Valve decide que no hay más International, no habrá tampoco a dónde mirar en busca de alternativas.

Todo jugador profesional que decida tomarse en serio el juego debería tomarse el tiempo de tratar de desarrollar una marca, pues eventualmente ese será su principal activo. Toda persona con una carrera limitada por su edad busca construir su propia marca: lo vemos en los deportes tradicionales y también en otros esports. Sin embargo, Dota 2 está construido de manera tal que desaconseja esta mentalidad y más bien invita a los jugadores a tener una mentalidad autodestructiva: el pozo de premios tan alto de The International los obliga a centrar todos sus esfuerzos en alcanzar ese torneo y, una vez dentro, llegar lo más lejos posible. La carrera de un profesional se convierte en una carrera por conseguir todos los premios que pueda y luego desaparecer. Sin embargo, esta actitud es insostenible a largo plazo. Y, mientras más pronto tome consciencia la escena competitiva, más probable será su salvación y su camino hacia la sostenibilidad.

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