¿Te permite Dota sobrevivir sin una organización?

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Desde la irrupción de beastcoast en el top-8 de The International, la escena competitiva de Dota 2 en Perú ha recibido un flujo constante de jugadores y equipos. Todos motivados, sin duda, por el éxito de un grupo de jugadores que apareció aparentemente de la nada y sin una organización detrás. El desarrollo de torneos cada vez más grandes por parte de Live Media y 4D Esports también tuvo muchísimo que ver con el desarrollo de lo que hoy es, sin duda alguna, la escena de Dota 2 más grande de este lado del charco.

Como parte de mi trabajo con la Movistar Liga Pro Gaming he podido ser testigo (y cómplice) del crecimiento de equipos como Incubus Club, Vicious Gaming, Luxor Gaming o Sandblood (hoy Hokori). Junto a ellos ha surgido, más de una vez, la gran pregunta: ¿es posible hacer un proyecto propio en Dota 2 o es necesario unirse a una organización más grande para sobrevivir?

Esta es una de esas preguntas que no tiene una respuesta absoluta más allá del “depende”, pero espero que este artículo permita aclarar un poco más la situación para los nuevos stacks y equipos que siguen apareciendo en la escena. Hay nuevos equipos con mucho potencial y esta es una pregunta que se seguirán haciendo muchas personas mientras Dota 2 siga vivo en Perú. Considerando que nuestro país es uno de los pocos bastiones donde Dota 2 aún es masivamente popular, podemos afirmar con tranquilidad que hay unos cuantos años de vida más para esta escena.

Antes de empezar a responder la pregunta que da título al artículo, es necesario aclarar que actualmente soy manager del equipo de Dota 2 de Latam Defenders, una organización joven y con muchísimo potencial de crecimiento. Sin embargo, es necesario señalar que la decisión de ser parte de una organización o no depende muchísimo del proyecto que se plantee con o sin organización.

Puesto de otra forma: la posibilidad de formar un proyecto propio en Dota 2 para una persona o un grupo de jugadores depende muchísimo del plan que exista para monetizar y hacer sostenible esta “independencia” de una organización. El problema que encuentro en muchas personas interesadas en dedicarse a los esports es que todavía tienen la idea de que el aspecto deportivo es el único relevante y que, si se dan los resultados, los auspicios vienen solos. A menos que con “resultados” estemos hablando de clasificar a un torneo del Dota Pro Circuit, esto es una gran mentira.

Sé de buena fe que participar de una Major o Minor es suficiente para que un auspiciador extranjero te contacte con una propuesta que varía entre los 500 y 1500 dólares mensuales, pero esa es una perspectiva poco plausible para los equipos fuera del tier-1 de la región. Armar un proyecto desde cero alrededor de esta posibilidad es un absurdo, considerando que hay equipos ya establecidos como beastcoast, Thunder Predator, Infamous et al. copando los eventuales lugares de clasificación.

Entonces, ¿qué puede hacer un proyecto que inicia de cero para tener una perspectiva de supervivencia? Hay dos salidas: la primera es convertirse en un caño abierto que invierta e invierta sin un norte claro de retorno. Ojo que hablo de caños abiertos sin intención despectiva: todo aquel que tenga dinero disponible y tenga claro cuánto de él puede gastar es libre de gastarlo como se le ocurra. La segunda salida es armar un plan de marketing que permita trazar un retorno para la inversión.

Esta segunda salida es mucho más complicada (y mucho menos común) porque implica dejar de pensar en los esports como una competencia deportiva y empezar a pensar en ellos como una operación de marketing digital. Esto significa, entre muchas otras cosas, empezar a preocuparse por la la construcción de marca del equipo, su presencia en redes sociales y su alcance en la comunidad. Igualmente, significa poner el proyecto en manos de alguien que tenga conocimiento (formal o empírico) de cómo funciona el marketing digital y la escena de esports en Perú. Todo esto, insisto, significa un cambio de paradigma brutal para el cual las personas involucradas en equipos amateur y semiprofesionales no suelen estar preparadas.

¿Qué ofrece, por su parte, unirse a una organización más grande? De primeras, una organización buscando auspiciar a un roster de dota, debería ofrecer dinero. Cuánto dinero sea capaz de ofrecer depende muchísimo de la organización en sí: no todos los días entra un Infinity a la escena con el dinero suficiente para romper el mercado. Sin embargo, casi cualquier cosa es mejor que nada si no hay una alternativa concreta de monetización.

El resto de beneficios de ser parte de una organización varía muchísimo y depende de la propuesta presentada. Algunas organizaciones cuentan con una gaming house para alojar a los jugadores, otras están dispuestas a costearla, otras simplemente buscan un equipo que opere en línea. Si bien es verdad que toda organización que se precie tiene un trabajo sólido en redes sociales, qué tanto de ese trabajo es realizado con Dota 2 depende mucho de la estrategia de la organización. Otro potencial beneficio es la obtención de canjes a través de la organización: por ejemplo, un contrato con una organización auspiciada por una marca de periféricos podría significar teclados mecánicos nuevos para todo el equipo.

Un beneficio (quizás oculto o desapercibido para los jugadores) de ser parte de una organización es la presencia de staff competente y conocedor de la industria. Tener un manager y/o coach capacitado y con experiencia quita un peso de encima a los jugadores, que solo tienen que preocuparse por jugar y no por cosas como agendar prácticas, programar juegos y coordinar con torneos. Por otro lado, en algunos casos, ser auspiciado por una organización de renombre suele significar obtener invitaciones a torneos. Es un plus importante para cualquier equipo el tener cierto peso gracias al prestigio de la organización que representan.

Sin embargo, no todas estas circunstancias confluyen a la vez en una propuesta. No todas las organizaciones son suficientemente grandes o famosas como para asegurar todos los puntos aquí mencionados, por lo que es importante que cada propuesta se analice minuciosamente. Cada equipo debe aprender a tasar su propio desempeño y su valor comercial, aunque esto sea difícil de hacer. En todo caso, hay que analizar el costo de oportunidad de aceptar una oferta: si firmo por una organización X, ¿qué ofertas de organizaciones W, Y o Z estaría perdiendo?

Otro riesgo presente en fichar por una organización es que ésta no cumpla con las promesas realizadas. Esta es una realidad muy común e incluso organizaciones muy grandes y con mucho éxito en otras disciplinas llegan a caer en estas situaciones. Ante ello, únicamente es aconsejable pedir una segunda o tercera opinión a personas de la escena y exigir la firma de un acuerdo legal donde se detalle todo lo que se va a recibir de parte de la organización. Sin embargo, nunca es posible eliminar del todo dicho riesgo: todavía hay mucha gente en el mundo de los esports que busca aprovecharse como sea del talento de otras personas.

Por otro lado, para poder negociar adecuadamente con una organización, es necesario tener claro cuán viable es para el proyecto sobrevivir sin una. En este análisis es necesario tomar en cuenta cosas como el reconocimiento por parte de la comunidad hacia los jugadores y el equipo. Evidentemente, no tiene el mismo valor un stack de cinco jugadores desconocidos que uno con jugadores veteranos y que la audiencia conoce. Independientemente de los resultados que se puedan obtener desde el lado deportivo, si no hay un trabajo de redes sociales que permita al equipo y a los jugadores llegar al público, no habrá un crecimiento verdadero.

Es importante no caer en el romanticismo a la hora de tomar una decisión ante esta problemática. Si bien todos queremos construir algo desde cero y triunfar con un proyecto enteramente nuestro, la realidad es que esta perspectiva se hará cada vez más complicada mientras más organizaciones entren a la escena. Si por un lado las ligas regionales hacen más viable que antes la supervivencia, por el otro también atraen el interés de organizaciones ajenas a la escena, pero que quieren ser parte de este momento pivotal en su historia.

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