La dictadura de la comodidad

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La satisfacción de las necesidades humanas por la tecnología no es nada nuevo y es, de hecho, un fenómeno que lleva siglos dándose. ¿Qué tienen en común un ancestral homínido usando piedras afiladas para matar a sus presas y un apurado oficinista pidiendo un Uber? La respuesta es sencilla: les une el instinto de que, como humanos, somos capaces de crear herramientas para hacer nuestra vida más fácil.

Querer llevar una vida de comodidad es, en mi opinión, un deseo natural del ser humano. Sin embargo, es válido preguntarse hasta qué punto la tecnología contemporánea nos ayuda a alcanzar esta comodidad y, por otro lado, hasta qué punto se aprovecha de este deseo para alcanzar sus propios fines.

La reflexión venía a mí después de rechazar por enésima vez la solicitud de Google Maps de activar el modo de alta precisión. Lo que suena como una petición totalmente inocua de parte de Google Maps esconde en realidad una intención mucho más oscura: parte de esta característica incluye almacenar los lugares visitados, pese a que no hay ninguna mención de esto en el pop-up. Volví a recordar el tema cuando, semanas después y por error, activé dicho modo cuando apareció como pop-up tras un pequeño lag del dispositivo. En ese momento descubrí que más inconveniente incluso que evitar activar esta porfiada característica era encontrar cómo desactivarla.

Mejorar la precisión de la ubicación

Este intercambio de comodidad por información es en realidad una táctica que lleva años desarrollándose y que no es exclusiva de Google, ni mucho menos.

Es que, al final, todo se resume en eso: comodidad. Para el usuario promedio es mucho más cómodo aceptar el pop-up y olvidarse del tema, sacrificando en el proceso un bien cada vez más valioso: su propia información. Este intercambio de comodidad por información es en realidad una táctica que lleva años desarrollándose y que no es exclusiva de Google, ni mucho menos.

Uno de los mayores ejemplos de comodidad es el popular servicio de registro a través de Facebook. La terrorífica inconveniencia de recordar decenas de contraseñas era eliminada por la genial idea de asociar tu cuenta de Facebook a la de tus otros servicios. Ya no tenías que recordar una contraseña para cada sitio: simplemente logueabas en Facebook y entrabas al sitio luego. Todo esto, obviamente, a cambio de dos cosas: darle al sitio web información personal publicada en Facebook y a Facebook una idea de los servicios web que usas. Toda persona que haya buscado al amor de su vida en Tinder, por ejemplo, debería saber que la aplicación es capaz de hacer reportes de cientos de páginas. Desde gustos por otras personas hasta tu propio comportamiento al flirtear. Tinder conoce mucho más de ti de lo que podrías saber. Y esto sin siquiera contar toda la información a la que accede mediante la conexión a Facebook.

¿Queremos nosotros realmente consumir más, o son realmente Amazon y los clientes de Google los que necesitan vendernos más?

Ejemplos más tradicionales son los esquemas de publicidad personalizada de Amazon y Google, que almacenan todo tipo de información de tus interacciones con sus servicios para formar un perfil de compras individual que incluye desde los productos que compras y el entretenimiento que consumes hasta tu información personal y financiera. El argumento más común es que esto es parte de un servicio al usuario, ofreciendo publicidad y sugerencias acordes a sus intereses personales, pero cabe preguntarse: ¿queremos nosotros realmente consumir más, o son realmente Amazon y los clientes de Google los que necesitan vendernos más?

El caso de Google es particular, pues poseen todo un ecosistema de dispositivos, entornos y aplicaciones que permiten formar un perfil bastante completo de sus usuarios. Desde YouTube hasta Google Docs, cada uno de los servicios que ofrece Google está optimizado para obtener la mayor información posible del comportamiento de sus usuarios. Ídem con Apple, su principal competidor y desarrollador de una miríada de dispositivos que, unida a una lista de servicios web comparable a la de Google, permite a Apple conocer al detalle a sus usuarios.

FB Amazon Google

El último boom financiero, las fintech, también apunta en esta dirección. La financiarización de la vida humana no es un fenómeno nuevo, pero las fintech casi por definición obedecen al pensamiento aquí expuesto: ser una herramienta de operaciones para el cliente a cambio de ofrecer conocimiento de dicho cliente a las empresas. Por inventarnos un ejemplo rápido, la app PagaFood puede ser una solución cómoda al eterno dilema de dividir los costos de un almuerzo grupal, pero al mismo tiempo puede generar un perfil socioeconómico del usuario: con qué usuarios se conecta, en qué restaurants come, qué distritos frecuenta, et al. Estoy seguro de que el lector no tendrá problemas en encontrar paralelos a nuestra imaginaria PagaFood en la realidad.

Es válido y hasta necesario tener una discusión sobre si el uso de estas estrategias está justificado o, en todo caso, qué alternativas tienen los usuarios que desean evitar el uso de su información. Si, después de todo, no somos capaces de renunciar o encontrar alternativas a las maneras en las que estas herramientas hacen nuestra vida más fácil entonces ciertamente estaremos viviendo en una dictadura de la comodidad. Bajo este régimen, las corporaciones nos ofrecerán soluciones a problemas percibidos (no necesariamente reales) a cambio de la alienación de nuestra información y capacidad de decidir. Discusiones éticas aparte, es deber de los usuarios entender este panorama y actuar acordemente.

Publicado originalmente en la revista Metadata

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